
Prevención
"Más vale prevenir que lamentar", un viejo proverbio que traduce la sabiduría forjada en el devenir de la existencia. Es fácil comprender que es mejor no enfermarse que ser intervenido debido a una dolencia determinada.
Dicho proverbio debe acompañarse con una actitud que lo haga posible y ésta no es más que la conducta preventiva.
La prevención podemos definirla como la conducta humana, dirigida a evitar un determinado suceso. Es el caso de evitar conducir a velocidades excesivas para intentar evitar accidentes potencialmente fatales.
En la medicina cardiovascular, se trata de asumir conductas que intentan evitar que se produzca un evento cardiovascular, como la angina de pecho, el infarto agudo del miocardio o un accidente cerebrovascular. Al respecto, la prevención cardiovascular se clasifica en PRIMARIA, aquella que busca evitar un evento cardiovascular de novo (por primera vez) y SECUNDARIA, la cual persigue evitar que se produzca otro evento cardiovascular, después de ocurrido el primero.
La prevención primaria se practica a través de medidas higiénicas de carácter general, las cuales son fáciles de ejecutar, en la medida que haya voluntad individual para ello. Realización de ejercicio físico regular, mantener un peso corporal cercano al ideal, comer de forma balanceada, evitando el exceso de grasas saturadas y de azúcares refinados, evitar el consumo de tabaco y de excesivas cantidades de alcohol, son todas medidas inherentes a la prevención primaria; sencillas en sí mismas pero, generalmente, difíciles de ejecutar, debido a la falta de voluntad y de disciplina.
Cuando de prevención secundaria se trata, ésta se compone de los elementos señalados en la prevención primaria, además de comprender la concientización de que se está enfermo y en consecuencia hay que actuar conforme a esa realidad ineludible. En tal sentido, la prevención secundaria amerita la disciplina de tomar con regularidad los medicamentos indicados por los médicos.
Varios medicamentos han demostrado tener un peso específico en la prevención secundaria: las estatinas, para controlar los niveles de colesterol y modificar la composición de éste; el ácido acetilsalicílico (Aspirina) para disminuir la agregación de las plaquetas en sangre; los antihipertensivos, para controlar la presión arterial; los betabloqueantes, para disminuir la frecuencia cardíaca.
"PREVENIR ES MEJOR QUE LAMENTAR". Prevención PRIMARIA y SECUNDARIA, las claves hermanadas con este sabio proverbio.